
Comienza el viernes noche y la salida empieza siendo algo ajetreada, pues los planes van cambiando de un momento a otro, sobre todo en cuestiones relacionadas con la compañía. Como siempre, las fijas para el evento, Marta y yo. Del resto, nunca se sabe... El plan es ir a un garito donde hay un concierto de un grupo que toca algo de funk y soul. El local se llama
La Leyenda (Calle San Barnardino) y el grupo, que véis en la foto,
Jet Black. Antes de que dé comienzo el concierto nos tomamos un vinito en La
Mantequeria que está en frente del bar del concierto y a Marta tanto ha gustado. Allí se nos unen Jorge y también Mónica. A la hora de comienzo del concierto ya estamos entrando en la sala. El lugar es pequeño y no bueno para conciertos pero poco a poco vamos avanzando posiciones hasta colocarnos en primera fila, sobre todo yo, que pronto me arranco a bailar. La vocalista del grupo se acerca a mí y bailamos juntas al ritmo de la música... ¡Qué cursioso! Al final del concierto me da las gracias por haber animado a la gente a bailar. Y no sólo ella, el resto del grupo también me dice lo mismo...
No, si al final me voy a tener que unir a uno de esos grupos para subirme a un escenario, como dice mi amigo y compañero Paquito... ¡Qué bien! lo que me queda aún por hacer en esta vida...

Y del concierto nos vamos todos a tomarnos unos mojitos, que por cierto ponen muy buenos en el bar
La Caracola (Calle de la Palma, 70). En la foto me acompañan mis amigos Marta y Jorge, y además Mónica, Luis y un amigo de éste. Y de allí nos vamos al siguiente a tomarnos ya la última o penúltima, como se suel decir... que además al día siguiente, sábado, hay examen que vigilar en la universidad y no es cuestión de aparecer con gafas de sol, y menos con la que está cayendo de agua en estos días...
¡Qué trío!... Os echaré de menos Marta y Jorge, aunque como dices, 500km y
siendo un culo inquieto no es nada, así que espero veros algún que otro fin de semana a lo largo del año en que suba a Madrid... También podéis bajar vosotros a visitarme, digo yo, ¿no? ¡Ah! Olvidaba decir que en la foto estamos en el
Moloko, un bar que me ha gustado sobre todo por la música que sonaba...