Una horita después de llegar, por fin, nos sentamos a la mesa a cenar. La Pepa desesperada después de dar miles de vueltas por el barrio, decide dejar el coche en un aparcamiento subterráneo. Alejandro contento y los tres felices, sobre todo yo, de estar en casita y comenzar por fin el fin de semana de puente en Madrid...
1 comentario:
A ver cuándo os dais un garbeo por tierras africanas!! Un beso. Ignacio
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