Es una noche especial. Alejandra y yo nos vamos a cenar para darle una buena despedida pues se va a Paris para varios meses. El lugar lo ha elegido ella y es estupendo. Es un restaurante gallego que se llama Maceira y está en la calle Huertas nº 66. La comida muy buena (berberechos frescos al vapor, pimientos del padrón que no pican, croquetas de bacalao muy ricas, un arroz caldoso para chuparse los dedos y todo acompañado con un buen riveriro,... y de postre, una exquisita tarta de manzana), el precio asequible (37,50€) y el ambiente genial... Casi al final de la cena han apagado las luces y ambientado el local para convocar a las meigas y hacer una buena queimada, como podéis ver en la foto.
De camino de vuelta a casa nos paramos a hacer la foto del recuerdo de este día. Estamos en la Plaza del Ángel, que está al lado de la conocida Plaza de Santa Ana. Justo detrás nuestra el famoso Café Central. ¡Qué pena que Alejandra se vaya! Nos entendemos bien y tenemos muchas cosas en común sobre cómo vivir la vida... He aprendido muchas cosas en estos días junto a ella. La máxima que nos une, que me hizo descubrir también un tipo de Sudáfrica que conocí hace una par de semana en el congreso de Rimini es: maximising memories and minimising baggage. Es genial y Alejandra en estos días la ha aplicado a tope, pues ha decidido desprenderse de todo lo que tenía y empezar una nueva vida.... Una llega y la otra se va, pero ambas coincidimos en comenzar una nueva etapa en nuestra vida...
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