Son poco más de las siete de la tarde y ya se hizo la noche. A pesar del frío y el desagradable viento, que te corta la cara y te hace sentir más frío aún, me lanzo de nuevo unos minutos a la calle a ver salir la cabalgata de carnaval, pues está al ladito de casa. La verdad es que no merece mucho la pena y es poca cosa, y no sólo para mí, pues la mayoría de la gente que está viendo todo a mi alrededor se queja de lo mismo...
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