No he podido evitar hacer la foto al ver hoy el autobus para reclutar futuros alumnos becarios Erasmus en el campus de la Carlos III. Me han venido miles de recuerdos a mi memoria al pensar que hace 21 años ya estaba danzando por una universidad extrajnera y enfrentándome al frío, húmedo y largo invierno en Lyon, donde disfruté de una beca Erasmus. Recuerdo que en aquel curso, 88-89, éramos tan pocos los estudiantes Erasmus de la Universidad de Sevilla (yo además la primera y única de la facultada de Ciencias Económicas y Empresariales) que antes de irnos el Rector nos reunió en su despacho para darnos una charla sobre el programa y desearnos una buena experiencia. ¡Cuánto han cambiado las cosas desde entonces...! Por supuesto, no había internet, así que la comunicación con los profesores de Sevilla la mantuve mediante cartas en las que les contaba mis impresiones y les informaba sobre los programas de las asignaturas que seguía en la Université Lumière o Lyon II... Y ahora que soy coordinadora de varias becas y que las nuevas tecnologías hacen posible una comunicación rápida, la mayoría de los alumnos sólo escriben para preguntar cosas sin importancia y muchos de ellos sólo para quejarse de lo que no les gusta... Afortunadamente, no todos son así... En cualquier caso, yo siempre recomiendo la experiencia a todos mis alumnos, pues lo de menos es lo que se aprende sobre los contenidos de las asignaturas y los créditos que se consigue convalidar, ya que lo mejor es la expericiencia en el extranjero, vivir rodeado de una cultura diferente y gente que piensa y vive de manera diferente y todo lo que supone vivir un tiempo fuera de nuestro entorno, que es lo que, por cierto, estoy haciendo yo desde hace ya más de una año y medio... Si es que cuando vamos creciendo volvemos a ser lo que fuimos, afortunamdamente, aunque con más experiencia, claro está...
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